Agresividad

Se trata de una emoción que todos hemos sentido en alguna ocasión. La rabia o la ira son componentes de nuestro espectro emocional y su expresión no tiene por qué indicar la existencia de una patología. Una reacción colérica no debe ser preocupante cuando se produce de manera aislada y ante una situación con alto contenido de estrés emocional. Por el contrario, debemos pararnos a reflexionar y buscar soluciones cuando las reacciones de ira son frecuentes, provocan malestar psicológico (en uno mismo o en el otro) y los detonantes son de escasa importancia o difícilmente identificables.

La ira no suele aparecer como una explosión aislada en un momento de calma. Las personas solemos acumular tensión y estrés. Como una olla a presión, en lugar de liberar poco a poco, vamos acumulando hasta explotar. Es posible aprender a gestionar nuestra ira en el día a día de forma más saludable. Ser consciente de nuestras emociones es el primer paso para reaccionar de manera asertiva. En algunos casos, la ira es la punta del iceberg, y sus causas pueden ser elecciones de vida desafortunadas, relaciones disfuncionales o estados de ansiedad. En estos casos, las soluciones pasan por reflexionar y replantear algunos de los cimientos de nuestra realidad.